
Sólo necesitaba un hueco, una raíz, algo. Algo a lo que asirme con fuerza para evitar –falsamente- precipitarme, de un momento a otro, hasta el éxodo del mundo y de los otros. Explicarle a él, a esa persona que, de repente, había aparecido en mi vida y que era tan extraña, tan callada, tan misteriosa que no, que no podía hablar cuando todos los demás lo hacían era una tarea, cuanto menos, ardua. ¿Qué le iba decir? “Mira, es que yo… Verás, soy así de imbécil”. No… ¡Qué va! No me iba a entender o, quizá, yo no tuviese ganas de explicar más nada. Porque lo cierto es que lo que más me apetecía era que me entendiese, sin más. Sin ninguna explicación, ninguna farsa. Ningún otro capaz de interrumpir a cualquier hora y transformarlo todo en eso, en esa pesada sensación de estar demás, de que nadie oye; de que nada, absolutamente nada merece la pena.
Lo que de verdad quería decirle es que echaba de menos, por encima de todas las cosas, mi habitación, mi mesa y mi ventana. Que extrañaba el silencio de mi casa. O el sonido del teléfono sin voz al otro lado. Ni a éste. No como allí, en aquel sitio en el que todos saltaban de sus puestos para responder cuanto antes y pasar también, cuanto antes, la llamada al de al lado. “Es para ti”. Sí. Yo no quería ser uno más. Me negaba. Tampoco es que quisiera ser uno menos. Soy así. Quien me conoce lo sabe. Y quien me conoce, no se mete a juzgar nada, no me pregunta “Qué haces aquí, tan solo”. Sabe que, simplemente, estoy. Que lo necesito. Que lo he decidido. Sin más. Sin menos.
La cuestión es que –a más que me pese- no sé qué debo hacer. No sé si eso es lo que quiero, o es lo otro o lo de más allá. A veces no me sirve que me digan “eres bueno”. Porque, esta es la cuestión, yo sé que todos lo son pero no quieren. Porque serlo es hacer cada segundo. Saber que se ha de hacer y llevarlo hasta las últimas consecuencias. Y eso, eso es pesado y cansa y, a veces, no gusta demasiado. Entonces, es mejor ser uno más de esa manada. Y hacer como que todo te interesa mucho cuando no es cierto. Y dedicar palabrería, palabrería barata para ensalzar lo que no existe.
Sólo necesitaba un hueco, una raíz, algo. Algo a lo que asirme.