
No me gusta hablar de cosas sin sentido aparente. Tampoco me gustan las referencias. Aunque me encanta escuchar -por lo mucho que aprendo siempre-, a veces también extraño algún oído dispuesto, alguna mirada posada solamente en la palabra –sin más-. Me gusta estar sentado conmigo mismo y que nadie me pregunte “¿dónde andas?”. Me gusta mirar el ritmo de la calle desde mi ventana. A veces me molestan ciertos comentarios y no encuentro las razones. Me gusta mirar a los niños (siempre sonríen y me devuelven la ojeada). No me gusta sentir que quien me habla expone sólo contrarios. Prefiero el Uno al grupo. Me gusta pasearme por la casa, mirar al suelo y recitar sin decir nada. También me gusta dejar de hacer y observar largo y tendido a mis animales. No me gustan los tonos de voz altos. Tampoco los adornos (casi de ningún tipo), ni los disfraces. Me gustan el negro y el azul y detesto el rosa. No me gusta sentir el paso tiempo. Ni pensarlo. Me gusta que los libros me emocionen. Que el silencio acompañe. Las paredes blancas, la luz cuando amanece, dormir con una hoja de la ventana abierta en invierno, el tacto de alguna ropa, tumbarme en el suelo, cerrar pocas puertas en la casa (tal vez sólo la de la calle), mirarme en el espejo hasta que parezco otra persona, mascar chicle, el café.
Me gusta descubrir, por encima de todas las cosas…
Me gusta descubrir, por encima de todas las cosas…



3 comentarios:
preciosa cotidaneidad. una visita
Excelente declaración!!!!.
Dos mil besos, mil de parte de Reales, que se esfumó con el dolor indeleble de su alma por dejar su casa.
Un abrazo. Gracias por tu texto, pues comparto mi interés por descubrir, siempre!
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