
Nunca me obstinaron esas rutas;
Todas esas vías sin solado
Que unen, en su curso, otras mitades
Llenas, como yo, de olor a liza.
Nunca me asustó la noche al raso;
Esa sensación de fiera intrusa
Que hace, cuando quiere, de ente ilustre
Y otras, sin opción, se larga al bosque
-lleno, hasta morir, de tanto mando-.
Nunca, –todo es cierto-, me tomaron
De ave, montaraz, erial tranquilo,
Lejos del cansino tufo a mugre
Que hace del fugado en cada monte
Un hombre, sin más, un ente en fuga.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada