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23 marzo, 2009

Decir que nada valió la pena
Es entregarse, de una vez y para siempre,
Al deceso,
Las esquelas,
A lo injusto...
Y,
¿Por qué no?,
Contemplarse deformado en el espejo
Sin saber que el miedo acecha porque tiene
Suficiente potestad sobre estos ojos…

Decir que nada valió la pena
Es volver, sobre los pasos, al camino,
Desandar lo que, con gusto, ya avanzamos
Para obrar dejando a un lado lo hilarante
Y sentir que, de poder, nunca quisimos…

Decir que nada valió la pena
Es, -al fin-, cavar sin miedo nuestra tumba
O rezar porque el despecho ya no espera
Que la voz entienda ahora de albedrío
Cuando ayer, por necedad, sólo gemía.

5 comentarios:

Cesc dijo...

Vale la pena incluso pasar los malos momentos. Porque de todo se aprende. Lo juro

Besos++++

marisa dijo...

María...No puedo sino guardar silencio para rendirme a la fuerza de tu poesía. besos

Rosario dijo...

precioso poema de afirmación de la vida.Decir que nada valió la pena, solo puede ser producto de un momento de derrumbamiento total, ó de tener el alma muy enferma y no saberlo.besos

Vagamundo dijo...

Los que no mueren alguna vez, no han vivido. Y recobrada lucidez uno se da cuenta de que algo que a lo mejor no valió la pena, sí que ocurrió... pero.. al fin y al cabo es por ese algo también que somos lo que somos.

Lluís pm dijo...

me alegro mucho mucho mucho de ti.
me alegro de mis ojos, me alegro de tus manos, y me alegro más todavía, de tu cabecita medio de chervecha.
Mancantao; besos, abrazos, saludos,
desde muy al sur del sur.

Ll.