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04 diciembre, 2008

La forma en que siempre huyes
No hace más que confundirme como antaño.
¿No has pensado que entre tantos escondites
En el fondo no hay manera
De huir sin dejar vestigios
-Resabios de lo que amamos-?

La vida no se mece a nuestro antojo,
Créeme.
A veces pretenderlo no es bastante
Para obviar al desconsuelo
O despojarse del peso
Que supone abrir el alma
Y descubrirse ante el mundo…

Ya ves,
Ahora sé que lo más fácil
No es dejar pasar el tiempo…

¿Por qué aspiras a un olvido
Que no entiende de tragedias,
Ni de noches sin descanso,
Ni de angustia consumida
Más allá de tanto absurdo y
Tantas pasiones gastadas?

Así no se apura nada,
No se entienden los latidos
De un querer que no habla nunca
Porque vive recluido
De sí mismo y de su nombre…
-Aquel que jamás pronuncias
Por miedo a saberte herida-.



2 comentarios:

marisa dijo...

Rotundo, me gusta. Un abrazo

Anónimo dijo...

Precioso. María, ¿dedicas estas palabras a Carlos?